“NUNCA LLEGUÉ A HABLAR CON ABBA”

25 julio, 2010

Peret, representante español en 1974  ha concedido una entrevista al Diario Montañes. El cantante empezó en la música en 1947, casi nada, y ahí le tienen todavía, poniéndole ritmo al verano con esa rumba imparable que hace bailar hasta a los alemanes y los chinos. Pere Pubill Calafat (Mataró, 1935) es ya patrimonio nacional.

– ¿Qué habría sido de Peret si no hubiese habido música en su vida?

– Podría haber sido carpintero, chatarrista, vendedor de melones, de tazas y ollas de aluminio, de telas, locutor de radio, presentador de televisión… Todo esto lo he hecho.

– Pero vender no le gustaba nada.

– Tienes que mentir y yo no puedo. Alguna vez renuncié a alguna venta, les decía ‘no, señora, que esto no le va a ir bien’. Y las señoras insistían en quedárselo, pero yo veía a los hijitos, pensaba que el marido iba a echarles la bronca…

– Oiga, ¿de verdad entendían la rumba los alemanes?

– Son un público difícil, pero yo ya había trabajado con ellos en Calella, ‘Calella de los Alemanes’. Yo veía a los artistas desesperados: ‘¡Qué fríos son!’, decían. Y es cierto, pero con la rumba no, porque la cantan y la bailan. Ellos, los japoneses, los chinos… Esquimal aún no he visto a ninguno, pero seguro que también.

– En el Festival de Eurovisión coincidió con ABBA.

– Me encantó su canción, la puesta en escena, el vestuario… Pero no llegué a hablar con ellos. Sin saber inglés, lo tenemos difícil. Yo he grabado en el estudio con Peter Gabriel y él venía y a lo mejor me servía un café y me decía ‘qué tal’, y yo ‘bien’, y los dos levantábamos los hombros y ya no podíamos hablar más. En Jordania hice una gala para un cumpleaños del rey Hussein y él me abrazaba, era fan mío, pero me miraba como diciendo ‘no te puedo decir nada’. La Reina nuestra nos hizo de intérprete.

– ¿Es verdad que a Franco le gustaban mucho sus canciones?

– No sé si le gustaban, pero las cantaba. En su barco tenía un tocadiscos, ponía los discos y hacía sus juergas cambiando las letras: él cantaba letras más verdes. Yo ya tenía alguna un poco verde, pero él hacía un verde más fuerte.

– Cuesta imaginárselo, la verdad.

– Es que cuesta imaginarse a todo el mundo en la intimidad, no sólo a Franco. ¿Qué cosas hacemos todos cuando nadie nos ve?

– ¿Había mucho desenfreno en las giras de su juventud?

– No quedaba tiempo. Terminabas una actuación a las tres de la mañana y al día siguiente estabas a 500 kilómetros, por las carreteras de entonces: si pillabas una continua con ocho camiones por delante…

– ¿Y le acosaban las fans?

– ¡Eso existe desde la Edad de Piedra! A mí me mandaron al hospital una vez. En Argentina, la Policía no pudo con ellas y, tirando de una cadenita que llevaba al cuello, me hicieron sangre. Pero no me las creo, ¿sabe?

– ¿No?

– Qué va, hacen su show para ver a quién le gusta más el artista, es una competencia. Y no hace falta eso.

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